martes, 21 de diciembre de 2010

BIOGRAFÍAS: MIGUEL MARIN PARTE II

En los partidos de Cruz Azul, era común escuchar la Narración de Ángel Fernández, famoso comentarista deportivo de la época, con una frase muy hecha para su gran amigo " Y me pongo de pie ante el súperman Miguel Marín"
Durante una entrevista a los medios deportivos mexicanos reveló las consecuencias del atajar tantos "bombazos" al quitarse los guantes y dejar ver unas manos deformadas, aseverando: "Son pelotazos de la vida".
La entrega al espectador mexicano, su público, era total: dejaba el corazón en cada encuentro, y fue precisamente el corazón quien le dio el primer aviso de su inminente retiro. El hombre del suéter albiceleste comenzaba a tener problemas. Aun así, haría historia al convertirse en uno de los pocos guardametas que se anotaban autogol, y esto debido a un error en un partido disputado el domingo 23 de mayo de 1976 cuando, al enfrentar al Atlante, Marín efectuó un despegue de mano que erróneamente terminó dentro de su propia cabaña.
Hacia 1980 experimentó síntomas de problemas cardíacos, por lo que fue trasladado a Houston, Texas, para ser intervenido quirúrgicamente. Aparentemente su salud mejoraba, pero a principios de febrero de 1981 sería intervenido nuevamente para atenderle un cuádruple desvío de las arterias coronarias, y a mediados de ese mismo año le diría adiós a las canchas y a la afición mexicana, precisamente jugando ante los rivales que lo vieron llegar: el Club Deportivo Guadalajara. La insignia -su suéter- la entregó en manos de Ricardo "El Oso" Ferrero, también argentino, quien resintió el peso de su antecesor.
Fue nombrado por la directiva entrenador de Cruz Azul el año de 1982, pero su carrera se vio truncada a causa de una agresión a un árbitro (algo insólito en él), lo que le valió ser castigado por espacio de un año. Poco después se incorporaría al plantel de los Coyotes de Neza, fungiendo como entrenador para regresar posteriormente a dirigir a fuerzas inferiores del campamento "cementero".
Dentro de la Selección Nacional Mexicana desempeñaría un papel clave, al convertirse en entrenador de guardametas durante la era de Bora Milutinović, en el mundial de México 1986.
Fue precisamente al desempeñar el puesto de entrenador del equipo de la Universidad de Querétaro, cuando se encontraba en actividades, cuando sufrió un infarto fulminante al corazón: el 30 de diciembre de 1991 fue trasladado al Hospital de Santa Cruz de Querétaro, en donde perdió su último encuentro, el encuentro decisivo: el "arquero invencible" había sido derrotado por la muerte.
La noticia se extendió como reguero de pólvora, un golpe seco para el medio futbolístico mexicano: había muerto "Superman" el insuperable "Miguel Marín" Sus rivales y compañeros de profesión acudieron a darle el último adiós. Acotto se convertía en leyenda que, al paso del tiempo, ha permanecido y se ha agigantado en la historia de Cruz Azul y del fútbol mexicano. Sus restos descansan en el Cementerio de la Chacarita, en su país natal, Argentina. En México vive su leyenda

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